A aquella que comprendió su tarea y su propósito.
A aquella que miró el camino por delante, y comprendió que era un viaje difícil.
Para el que no disimuló esas dificultades,
pero, por el contrario, las hizo manifiestas y visibles.
A aquella que hace que los solitarios se sienten que no están solos,
que satisface a los que tienen hambre y sed de justicia, que hace que el opresor se sienta tan mal como el oprimido.
Para el que siempre mantiene su puerta abierta,
sus oídos alerta, sus manos trabajando, sus pies caminando.
A aquella que encarna los versos de otro poeta persa,
Hafez, cuando dice: "Ni siquiera siete mil años de alegría compensan siete días de tristeza.
Para el que está aquí esta noche, puede que sea una con todos nosotros,
que su ejemplo se multiplique, que aún tenga días difíciles en el futuro,
de modo que ella puede hacer lo que tiene que hacer,
de manera que las próximas generaciones no tendrán que esforzarse
por lo que ya se ha logrado.
Y que ella camine lentamente,
porque su paz es la paz de cambio,
y chage, el verdadero cambio, siempre lleva su tiempo.
...
P.C. ; en honor a Shirin Ebadi, Nobel de la Paz en la Entrega de premios, Oslo, 11 de diciembre 2003.
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